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La estigmatización social reservada a las mujeres que se apartan de la norma de brindar gratuitamente su tiempo y su trabajo a los hombres, se concreta en un fuerte rechazo a las prostitutas. La desvalorización de este sector se mantiene así por la función pedagógica que cumple con respecto a las mujeres no prostitutas. La prostitución quedaría como una profesión y una posible oferta de trabajo para toda mujer en paro.

Se mandaría el mensaje a las mujeres y nenas de que si algo fallase en sus vidas podrían recurrir a la alternativa de ser prostituídas. Pero esta discriminación agresiva de las trabajadoras sexuales se apoya también en otro elemento ligado a la construcción social de los géneros. Me refiero al arquetipo viril. Cuando se enfrentan con las prostitutas que no dan amor y sólo prestan sus servicios por un precio convenido, encuentran que esta relación negociada mortifica su ego, y restablecen simbólicamente el equilibrio, despreciando y desvalorizando a sus interlocutoras en la relación pactada.

Desde el punto de vista de la discriminación por clases sociales, hay que tener en cuenta que la prostitución es un "mal trabajo", desagradable y mal pagado, pero que constituye una actividad refugio con la que se ganan la vida en cada país miles de mujeres con cargas familiares o necesidades económicas urgentes. Las prostitutas vistas como pecadoras que pueden ser salvadas o como víctimas a las que se debe ayudar, forman parte del imaginario de su clientela tradicional.

Los militantes de izquierda, por su parte, suelen compartir con el modelo religioso algunos tics salvacionistas y una visión puritana del mundo, que los ha llevado a acercarse tarde y mal al problema de la variedad de las manifestaciones de la sexualidad y a la posibilidad de entender el sexo pagado. La identificación de las trabajadoras sexuales como víctimas, carentes de proyectos propios y necesitadas de una intervención exterior que las salve de su triste situación, se corresponde entonces con el discurso de algunas corrientes del feminismo radical 8 , que asumen una idea demasiado general de las mujeres y se autoasignan su representación.

Grupos que han sufrido a lo largo de la historia ofensas y valoración negativa, que debilitaban sus posibilidades de acceder a una ciudadanía completa, suelen desarrollar una estrategia de reconocimiento que implica asumir la representación de otros sectores a los que a su vez se ignora o se reconoce de una manera distorsionada.

También hemos trabajado como prostitutas y no nos avergonzamos porque esta ha sido la forma por la que hemos sobrevivido durante generaciones. El problema se agrava si al campo de prejuicios socialmente construidos sobre la prostitución, se agregan las estigmatizaciones racistas y xenófobas. Esto da campo para nuevas elaboraciones victimistas, desarrolladas por asociaciones abolicionistas que con el discurso de salvar a las mujeres de la esclavitud y de la trata, realmente les niegan su capacidad de actuar y de decidir, con lo que dificultan objetivamente la persecución de las redes mafiosas, al medir todas las infracciones con el mismo rasero.

Pero los contenidos de las sanciones legales y la ideología en que se apoyan han ido cambiando. En la "Convención por la represión de la trata de seres humanos y de la explotación de la prostitución de otros", aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 2 de diciembre de , que entró en vigor el 25 de julio de , se ponía el énfasis en penar la prostitución o su incitación, aunque hubiera consentimiento de las personas afectadas Art.

Castigaba a quienes dirijan, financien o alquilen casas de prostitución y a quienes se beneficien económicamente de la prostitución de otras personas Art. Como aspecto positivo de este convención, puede señalarse que promovía la abolición de todo tipo de inscripción en registros especiales de las personas que se dedicaban a la prostitución. El punto 3 de las consideraciones especifica: Si bien en el punto 4, cuando habla de prevenir, reprimir y castigar la trata de personas, insiste en particularizarla en niños y mujeres con lo que se mantiene el criterio anterior de considerar a éstas como menores el punto 5 se centra en la infancia: Este cambio de perspectiva puede apreciarse claramente en el articulado.

También se castiga si se ha empleado fraude o engaño o si se ha hecho abuso de autoridad. Con el fin de la explotación del trabajo o de los servicios de esta persona, comprendidos bajo la forma de trabajo o servicios forzados u obligatorios, de esclavitud o de servidumbre, o con fines de explotación de la prostitución de otros y otras formas de explotación sexual, incluida la pornografía.

La prostitución se ha desplazado del centro de la campaña a constituirse en un campo, entre otros, en que la trata de seres humanos puede concretarse. La polémica sin embargo, dista de estar zanjada y los acuerdos internacionales reflejan un precario equilibrio entre opiniones contrapuestas. En el Informe del 15 de abril del , que no es una resolución oficial sino un documento de propia iniciativa de la "Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Oportunidades de la UE", se vuelven a incurrir en algunas de las confusiones anteriores.

La ponente plantea que. Las recomendaciones se centran en combatir la pornografía en internet y en la publicidad, pero reconocen la libertad de los estados miembros para legislar al respecto, la necesidad de contar con la participación de las personas implicadas y de evitar medidas que contribuyan a la marginación e ilegalización de las mujeres inmigrantes.

De todos modos la diferencia de posiciones y la dificultad de llegar a acuerdos resulta evidente si se constata que incluso en el seno de esta comisión el informe se aprobó por un escaso margen de votos once a favor y nueve en contra.

Siendo el comercio sexual un simple intercambio económico sin mayor trascendencia que la que quiera otorgarle una sociedad donde todo servicio supone una contraprestación lucrativa.

Considerar que es la prostitución en si misma y no algunas de las formas en que puede ejercerse una actividad degradante y una forma de violencia contra las mujeres.

Necesidad de adoptar un enfoque basado en los derechos humanos. Este puede parecer un plan de acuerdos mínimos, pero incluso referente a estos puntos hay diferencias en su interpretación.

Pese a la separación que la legislación internacional actual permite hacer entre trata y prostitución, el modelo anterior que confunde ambos términos se perpetua en las campañas abolicionistas actuales, con posiciones que se reflejan en la prensa y cuyo dramatismo oculta el hecho que las trabajadoras sexuales, pobres o inmigrantes tienen problemas comunes con el resto de las trabajadoras, al mismo tiempo que dificulta considerarlas como agentes activos de sus opciones y portadoras de proyectos específicos.

Al respecto comenta Jo Bindman: Es evidente que los seres humanos no deben ser vendidos, sólo el trabajo humano, y no el ser humano mismo puede ser objeto de comercio.

Pero es simplemente insensato clasificar como "esclavitud" una industria entera, mundial, que incluye enormes variaciones en las condiciones de trabajo en el interior de cada país y entre diferentes países. Ello nos distrae de la tarea muy necesaria de hacer cesar la explotación en todos los sectores de actividad Así nos expresan algunas mujeres que trabajan en la prostitución que si los hombres viven para el sexo, ellas viven del sexo, ellos buscan dinero para el sexo y ellas utilizan el sexo para buscar dinero.

A su vez las personas "sin papeles" padecen la arbitrariedad policial y se transforman en receptoras preferentes de la violencia institucional, ya que la maraña de disposiciones y reglamentaciones hace que estén siempre en infracción, lo que las deja en una posición muy débil para reclamar derechos.

Esta vulnerabilidad se agrava en el caso de las mujeres. En la actualidad, la posibilidad de legalizar la situación de las personas inmigrantes en el primer mundo, depende en gran medida de la obtención de contratos de trabajo.

Esta situación se corresponde con el hecho de que las autoridades mantengan un imaginario de la migración como principalmente masculina, y que apoyen en él sus medidas legales. La exigencia de contrato laboral previo es difícil de cumplir para todos, pero casi imposible en el caso de las mujeres, cuyas opciones de trabajo se centran principalmente en el sector servicios, con prestaciones a personas individuales cuidado, sexo o a familias limpieza, cocina, atención de criaturas.

No se trata de un problema que afecte sólo a algunos sectores, como sería el caso de las que se dedican al trabajo sexual, sino que abarca al conjunto de la migración femenina. La otra opción prevista para regularizar la situación, acceder a ella mediante los mecanismos de reagrupación familiar, no ofrece mejores garantías, ya que coloca a las personas reunificadas mujeres en un porcentaje importante en situación de dependencia con respecto al que inmigró en primer término.

Se ha denunciado que "en caso que la mujer elegida no cumpla las expectativas los maridos pueden utilizar su poder contra ella, la pueden golpear, encerrar o enviar de regreso a su país de origen". No se trata de víctimas pasivas sino de hacedoras, de sujetos que construyen y dirigen su vida a partir de sus valores, baremos e ideales. Hay algunas iniciativas al respecto, como la que se plantea en el "Informe-Propuesta sobre la ciudadanía europea".

Es que hay muchos trabajos estigmatizados, o que implican costes emocionales y conflictos de valores. El trabajo sexual es sólo uno de ellos. Esto permite que se ejerza sobre ellas, en mayor medida que sobre otros colectivos de inmigrantes, la violencia institucional: Dada la diversidad de situaciones del sector, sólo afectaría a las prostitutas inscritas como tales en situación de dependencia en locales de alterne.

Parece entonces conveniente para las mujeres inmigrantes en general propender a una política que permita legalizar la permanencia a partir de la residencia y no del contrato laboral. Hay estudios, como el de Mathieu, que señala las dificultades que sufren las trabajadoras del sexo para organizarse, a partir de su estigmatización y la fragmentación del sector. La fuerza que pueden tener en los asesinatos de mujeres los estereotipos sobre los sectores marginalizados no puede desecharse a priori.

El objetivo de la tolerancia cero para la violencia de género debe cumplirse con respecto a todos los colectivos de mujeres. Violencia por parte de grupos delictivos. Afecta especialmente a las personas que tienen poco apoyo social y legal. Esta violencia tiene su caldo de cultivo en la ilegalidad y falta de reconocimiento de estos sectores, que resultan así especialmente vulnerables. En muchas ocasiones los sectores estigmatizados reciben un trato desconsiderado y a veces francamente agresivo por parte de los funcionarios o funcionarias que deberían proteger sus derechos.

Es necesario extender a todas las mujeres los servicios de las casas de acogida que con frecuencia no autorizan la permanencia de las trabajadoras sexuales y de los teléfonos de denuncia del mal trato, para que puedan incluir las denuncias por maltrato institucional. Maltrato de los medios de comunicación. Toda esta violencia se apoya en la marginación social previa. Establecer barreras entre unas mujeres y otras ha sido una estrategia habitual del patriarcado. A su éxito ha contribuido el hecho que las mujeres no formamos un colectivo homogéneo y estamos separadas por distintas situaciones de clase y pertenencia étnica.

Es necesario darles oportunidad para que expresen sus reivindicaciones con sus propias palabras, pero mientras tanto, recogiendo sus protestas y sus expresiones reiteradamente manifestadas, podemos compartir con ellas la siguiente queja: Estamos cansadas Estamos cansadas de la discriminación social.

Estamos cansadas de la hipocresía social. Los trabajos que se reservan a las mujeres son pesados y mal pagados, sin contratos laborales ni seguridad social.

Pero eso no preocupa a los políticos no angustia a algunos sectores del feminismo no quita el sueño a los organismos internacionales. En lugar de ofrecerles mejores condiciones laborales las acosan policialmente las minusvaloran las ignoran en tanto que agentes sociales. Por todo ello, las persona y organizaciones que apoyamos el pleno reconocimiento de derechos humanos a las trabajadoras del sexo, nos hacemos eco de sus demandas cuando dicen No queremos que nos salven, queremos que nos escuchen [No nos rotulen, conozcannos] No hablen por nosotras, dejennos hablar.

Un ejemplo de lo anterior es la falta de penalización de la violación marital, basada en el concepto social de que la mujer es la propiedad sexual del hombre.

En otros tratados de derechos humanos también se exige que los Estados Partes se enfrenten a los estereotipos nocivos y a su utilización. Eliminating judicial stereotyping Las mujeres, la paz y la seguridad. Defensoras de los derechos humanos. La violencia contra las mujeres.

La trata de personas. Los derechos a la salud sexual y reproductiva. La tierra, la propiedad y la vivienda. Los estereotipos de género y su uso.

Los derechos humanos referentes a la salud materna e infantil.

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