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Esa es la finalidad del programa de atención a las mujeres que viven del mercado del sexo en Santiago y alrededores. Así resume Cleofé Rodríguez el trabajo que la congregación de Oblatas realiza en la ciudad desde , aunque fue en los noventa cuando se asentaron en O Pombal para asistir a las prostitutas del tan traído y llevado barrio compostelano.

Desde entonces, han cambiado mucho las cosas. En O Pombal solo queda un bar con mujeres que siguen ofreciendo sexo. Ahora, la mayoría son inmigrantes, pero la discriminación que sufren, la vulnerabilidad y la soledad sigue siendo la misma. O peor, a miles de kilómetros de sus hogares. El proyecto de la congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor se puso en marcha en , cuando el monje José María Benito y la institutriz Antonia María de Oviedo crearon en Madrid un centro de apoyo a las mujeres que ejercían la prostitución y que se morían en las calles solas y en penosas condiciones, víctimas de la miseria y las enfermedades venéreas.

Al principio esa asistencia era sanitaria y caritativa, pero hoy lo que se les ofrece a quienes malviven del sexo es una red de apoyo para mejorar su calidad de vida y hacerse con recursos que les permitan, si así lo desean, dejar la calle, o al menos mantener su dignidad.

Vagalume trata de resolver los problemas o situaciones que ellas solas no pueden afrontar, incluso tomar un café contra la soledad. A mayores, la entidad tiene un piso de acogida para víctimas de trata o situaciones de emergencia y un centro psicofamiliar para las que tienen hijos. Después si ellas quieren, llaman a las puertas siempre abiertas de la entidad.

Y con distintas escalas, porque no es lo mismo una africana víctima de la trata que contrae con los traficantes una deuda que puede alcanzar los En todo caso, las deudas, las enfermedades, las hipotecas adquiridas en sus países de origen, la necesidad de enviar dinero para sus hijos o hermanos y actitudes machistas enraizadas en la sociedad las dejan en un callejón sin salida.

Solo las puertas abiertas de entidades como Vagalume les ofrecen alternativas. Tiene un sola planta y unos setenta metros cuadrados de superficie. Inmediatamente después aparece la barra del bar y, a su derecha, junto a una ventana por la que entra mucha luz, Casas duerme en un sillón, al lado de una estufa.

Es de nacionalidad portuguesa, y saluda a la periodista cuando entra en el establecimiento, aunque cuando ésta se identifica, despierta al jefe, se pone un chal por encima, y se va hacia la puerta. Su propietario, que asegura estar de alquiler, indica que ayer "sólo vendí tres cervezas. Hoy, en toda la mañana no he despachado nada".

Al verla se marcharon por una puerta que accedía a unas escaleras. En este barrio ejercen la prostitución "unas veinte mujeres". Suelen contar con unos "35 años en adelante, aunque la mayor tiene 60". Viven "en una situación que podíamos llamar marginal o de muchas carencias, y poseen un nivel cultural bajo, por lo que es casi imposible su inserción laboral", indica este documento.

Es decir, unos euros al mes", pero esto no es suficiente, por lo que "acuden a estos lugares unas horas al día. Enrique Casas, oriundo de Ferrol, camarero en Suiza y desde hace 32 años dueño del bar Trébol, indica que "antes se trabajaba mucho". Casas, sin embargo, dice que "empezó a descender cuando surgió lo del sida, porque mucha gente tenía miedo, y porque no hay dinero tampoco". En el Trébol, sin embargo, actualmente suelen estar "cuatro, que vienen por la mañana y por la tarde, porque por la noche ya no se trabaja nada".

Atienden a una media de "dos personas al día, aunque hay muchas jornadas de "ninguna".

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Este hecho, junto a su ubicación, a sólo cinco minutos de distancia de la Catedral, la convierten en un lugar privilegiado. En todo caso, las deudas, las enfermedades, las hipotecas adquiridas en sus países de origen, la necesidad de enviar dinero para sus hijos o hermanos y actitudes machistas enraizadas en la sociedad las dejan en un callejón sin salida. Cuatro locales, sin embargo, impiden que el conocido como "el barrio chino" de Santiago deje de serlo. santiago de compostela prostitutas prostitucion O peor, a miles de kilómetros de sus hogares. Vagalume trata de resolver los problemas o situaciones que ellas solas no pueden afrontar, incluso tomar un café contra la soledad. Estoy deseando que lo hagan", comentan. Ahora sólo quedan tres. Solo las puertas abiertas de entidades como Vagalume les ofrecen alternativas. No tuvieron la oportunidad para salir adelante".

Ahora, la mayoría son inmigrantes, pero la discriminación que sufren, la vulnerabilidad y la soledad sigue siendo la misma.

O peor, a miles de kilómetros de sus hogares. El proyecto de la congregación de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor se puso en marcha en , cuando el monje José María Benito y la institutriz Antonia María de Oviedo crearon en Madrid un centro de apoyo a las mujeres que ejercían la prostitución y que se morían en las calles solas y en penosas condiciones, víctimas de la miseria y las enfermedades venéreas.

Al principio esa asistencia era sanitaria y caritativa, pero hoy lo que se les ofrece a quienes malviven del sexo es una red de apoyo para mejorar su calidad de vida y hacerse con recursos que les permitan, si así lo desean, dejar la calle, o al menos mantener su dignidad. Vagalume trata de resolver los problemas o situaciones que ellas solas no pueden afrontar, incluso tomar un café contra la soledad.

A mayores, la entidad tiene un piso de acogida para víctimas de trata o situaciones de emergencia y un centro psicofamiliar para las que tienen hijos. Después si ellas quieren, llaman a las puertas siempre abiertas de la entidad. Y con distintas escalas, porque no es lo mismo una africana víctima de la trata que contrae con los traficantes una deuda que puede alcanzar los En todo caso, las deudas, las enfermedades, las hipotecas adquiridas en sus países de origen, la necesidad de enviar dinero para sus hijos o hermanos y actitudes machistas enraizadas en la sociedad las dejan en un callejón sin salida.

Solo las puertas abiertas de entidades como Vagalume les ofrecen alternativas. Es por eso que las prostitutas españolas apenas hacen uso de sus servicios. De hecho, en la actualidad solo acude una española a los talleres de formación. De las doscientas que llegan con una demanda, la mayoría son inmigrantes, como extranjeras son también las setecientas con las que se contacta a lo largo del año, vayan o no después a Vagalume.

Y eso que las puertas no se cierran para nadie, ni para los transexuales -alguno hizo uso de sus servicios- ni para los hombres. En el Trébol, sin embargo, actualmente suelen estar "cuatro, que vienen por la mañana y por la tarde, porque por la noche ya no se trabaja nada". Atienden a una media de "dos personas al día, aunque hay muchas jornadas de "ninguna".

Algunos profesionales del sector inmobiliario señalan que se hicieron ofertas a los dueños de estos locales de O Pombal para rehabilitar los edificios en los que se alojan y revalorizar el barrio. Estoy deseando que lo hagan", comentan. Enrique Casas explicó ayer a este diario que estos locales del barrio de O Pombal no se destacan por tener clientes nuevos.

En los noventa había diez establecimientos de este tipo en O Pombal. Ahora sólo quedan tres. Así de duro se pronuncian las personas consultadas por este rotativo.

Aquí son de la tierra, llevan muchos años, y se quedaron en situaciones marginales. No tuvieron la oportunidad para salir adelante". Hace unos dos meses cerró uno de los locales de este tipo que había en O Pombal.

Algunos pensaban que eso sería el fin de la prostitución para las mujeres que frecuentaban ese bar, pero no fue así. Ahora, los vecinos pueden ver cómo ofrecen sus servicios en la calle, y cómo pasan frío y aguantan las jornadas de lluvia.

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