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La prostituta, pues, es convertida en objeto de vigilancia e intervención por parte de policías y médicos. Subliminalmente se liga la sífilis con la prostitución, con el rechazo moral consiguiente. No se contemplaba que la sífilis pudiera contraerse fuera del prostíbulo.

Los controles debían pasarse periódicamente y se registraba en el carnet personal de cada una de las mujeres. El médico visitaba el burdel, donde las pupilas debían facilitar la exploración. La exploración era meramente clínica: Tras una somera exploración, si se observaban síntomas de la enfermedad las prostitutas eran obligadas a ingresar en el hospital-prisión de Saint-Lazare, al lado de una comisaría de policía, para ser recluidas y tratadas y sobre todo, para retirarlas del circuito.

Si ejercían a pesar del diagnóstico y se las descubría o si no pasaban las revisiones establecidas se podían enfrentar a condenas penales que oscilaban entre los tres meses y el año de prisión. Las monjas que regentaban Saint-Lazare no eran muy caritativas. Las reclusas, sometidas a férrea disciplina, recibían un trato carcelario.

En sepulcral silencio eran obligadas a trabajos forzados. Los domingos, la asistencia a misa era obligatoria. Con esta perspectiva, es comprensible la cara de tristeza y temor con la que las prostitutas del cuadro de Toulouse-Lautrec esperan la somera inspección médica, probablemente no desprovista de ciertas arbitrariedades.

La explicación de este trato a las enfermas venéreas debe ser entendido desde el punto de vista moral. Por una parte era una enfermedad consecuencia del pecado y constituían un ataque a la familia y al mundo doméstico, piezas fundamentales de la sociedad burguesa.

Bajo el título 'Esplendores y miserias. Tal era su fama que llegó a propiciar la aparición de guías especializadas para los turistas, que indicaban los lugares de placer, los cafés, los cabarets o las 'maisons closes', como se conocía a los prostíbulos. La modernización y la industria atrajeron a la ciudad a miles de personas, entre ellas muchas mujeres que ejercían pequeños oficios manuales como el de lavandera, dependienta, florista o costurera, pero que a menudo no conseguían mantenerse -mucho menos si tenían familias a su cargo- con esos ingresos tan paupérrimos, por lo que acababan prostituyéndose para poder pagar el alojamiento o la comida.

Las meretrices debían estar registradas en la prefectura de policía y estaban sometidas a controles médicos constantes para evitar la expansión de enfermedades venéreas como la sífilis. El mundo de la noche y la teatralidad de las prostitutas tuvo un gran atractivo también para los pintores.

Mientras que de día había que guardar las formas, la captación de clientes en las calles sí que estaba permitida por las noches. A la hora de la absenta, entre las cinco y las siete de la tarde, las prostitutas esperaban en las terrazas la llegada de los posibles clientes absortas frente a una copa de alcohol y con un cigarrillo en la mano.

Edgar Dégas recoge como nadie esa mirada entre ebria y triste de una joven que espera una tarde de oficio en 'La absenta', o las que cotorrean sobre la tacañería de un cliente en 'Mujeres delante de un café'.

Son esos señores que vemos tras las bambalinas en las obras de Jean Béraud, vestidos de negro con sombreros de copa y barbas blancas, los bolsillos llenos, agarrando a jovencísimas bailarinas por el talle. También sirvieron para recoger sus estragos, como las deformaciones de la sífilis que expone la muestra con toda su crudeza. En la época, dejarse ver del brazo de una cortesana célebre era un signo exterior de riqueza y de virilidad Las cortesanas representaron un mundo aparte, una excepción en la miseria de las calles.

Vidas miserables convertidas, gracias al filtro de los genios, en una celebración del arte. En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. París Contacta al autor.

Independiente, bohemia, libertina, mentirosa y bebedora empedernida. Se cuenta que muchas noches, al volver de sus sesiones de trabajo y de divertirse con algunos amigos por las tabernas del viejo Montmartre, encontraba en su puerta un ramito de flores con una nota de Lautrec que decía: Puedes leer la vida de Suzanne Valadon aquí. Aunque la estancia en la Rue Fontaine es breve, el contacto con la obra de Degas resulta definitivo para la orientación de su obra.

Por estos años, Toulouse empieza a frecuentar los cabarets y cafés cantantes de París y se familiariza con la bohemia artística polarizada en torno a Montmartre.

En se inaugura en París el Moulin Rouge, que expone junto a su puerta una escena de circo pintada por Toulouse. Ya aparece en él la Goulue , su bailarina estelar, cuya figura se reitera en otros cuadros y carteles. El proceso se basa en la incompatibilidad de la grasa y el agua. Una vez la piedra humedecida, la tinta de impresión solo queda retenida en las zonas dibujadas previamente.

Por tanto, después del boceto, el dibujante debía trabajar mucho en la misma imprenta hasta conseguir el resultado definitivo. La vida de Henri era una desastre de bohemia, comía y dormía muy poco y estaba casi siempre borracho de absenta, obsesionado con sus dibujos y pinturas, que usaba en muchas ocasiones como moneda de cambio por favores sexuales o simple comida y alojamiento. Una crisis paranoica lo llevo a un intento de suicidio con metileno, que lo dejo internado durante un tiempo.

En sufre su primer ataque de delírium trémens, que le lleva a disparar con un revólver contra imaginarias arañas. El deterioro progresivo de su salud lo lleva en al castillo de Malromé, donde queda al cuidado de su madre, que lo acompañó en su lecho de muerte. Ella fue quien, tras el fallecimiento de su hijo, recopiló buena parte de la obra que hoy se conserva en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi. Su amigo y marchante Joytan sería el encargado de organizarlo para su inauguración, en Muy interesante el articulo… joder, metro y medio, borrachuzo, contrahecho y estropeao pero el tio en 37 años vivió y creo mas que la mayoría de nosotros en Y encima visionario porque veo que en una de sus ultimas obras retrató a Michael Jackson.

Después de leerlo estoy pensando que el legado artístico de Toulose Lautrec debe de estar en manos de un montón de hijos de puta… literalmente. Juan Muro 14 diciembre, 6: Y geniales tus comentarios, Dexter. Bueno, no era Michael Jackson, pero en la época era alguien parecido: Aristide Bruant, que era un cantante muy famoso, anarquista, eso sí, pero porque entonces no ganaban la pastorra que se llevan ahora.

Al fin y al cabo no solo las pintaba, en cuanto podía se las beneficiaba. A finales del s. XIX la prostitución era legal, si bien las prostitutas debían estar en posesión de un carnet, emitido por la policía que debía pasar por una inspección médica obligatoria para permitir que pudieran desempeñar su trabajo. La corriente higienista en Medicina, alertada por la alta incidencia de enfermedades venéreas, especialmente sífilis y gonorrea, que eran transmitidas mayoritariamente en burdeles, aprovecha para instaurar estos controles sanitarios obligatorios.

La prostituta, pues, es convertida en objeto de vigilancia e intervención por parte de policías y médicos. Subliminalmente se liga la sífilis con la prostitución, con el rechazo moral consiguiente. No se contemplaba que la sífilis pudiera contraerse fuera del prostíbulo. Los controles debían pasarse periódicamente y se registraba en el carnet personal de cada una de las mujeres. El médico visitaba el burdel, donde las pupilas debían facilitar la exploración.

La exploración era meramente clínica: Tras una somera exploración, si se observaban síntomas de la enfermedad las prostitutas eran obligadas a ingresar en el hospital-prisión de Saint-Lazare, al lado de una comisaría de policía, para ser recluidas y tratadas y sobre todo, para retirarlas del circuito. Si ejercían a pesar del diagnóstico y se las descubría o si no pasaban las revisiones establecidas se podían enfrentar a condenas penales que oscilaban entre los tres meses y el año de prisión. Las monjas que regentaban Saint-Lazare no eran muy caritativas.

Las reclusas, sometidas a férrea disciplina, recibían un trato carcelario. En sepulcral silencio eran obligadas a trabajos forzados. Los domingos, la asistencia a misa era obligatoria.

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