Putas horas

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Para poder sobrevivir a todo lo que pasé, mi mente ha llevado a cabo un proceso de adormecimiento. Hay cosas que recién empiezo a recordar. No sé cómo escapé del prostíbulo de Argentina dónde me prostituían, de verdad que no lo sé.

Supongo que me atreví a decir "no". Hasta que un día un prostituidor me dio una terrible paliza. El conserje de un hotel me ayudó, llamó a la policía. Y no se lo va a creer: Porque a quién le importa una puta. Pero las mujeres que ejercen la prostitución necesitan contarse esa mentira. Necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece…. Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas.

Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual. Y me di cuenta de que yo no vendía nada, porque nada era mío. Aun después de muerta te siguen explotando. Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo.

Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano. Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda. Los que van de putas son "prostituidores". Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres. Cuando eres puta, tu cuerpo no te pertenece, ni siquiera después de muerta".

Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución. Cuando era puta lo que tuve fue cinco abortos. Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad. Esa rabia hace que yo no sea una mujer conformista. En Reino Unido, el Comité de Asuntos Internos del Parlamento ha estado considerando varios enfoques para el comercio sexual, incluida la total despenalización.

Pero Valisce asegura que en Nueva Zelanda la despenalización fue un desastre y que sólo benefició a los proxenetas y los clientes. Un problema fue que esto permitió a los dueños de los burdeles ofrecer a los clientes transacciones "todo incluido", en las que podían pagar una cantidad acordada para hacer cualquier cosa que deseaban con la mujer.

Valisce, de 40 años, fue a solicitar empleo a un burdel en Wellington, y quedó estupefacta con lo que vio. Temblaba, lloraba y era incapaz de hablar". Tomé mis pertenencias y salí de allí", recuerda. Pero cuando trabajaba como voluntaria allí comenzó su trayecto para convertirse en "abolicionista". Una vez leí sobre alguien que hablaba de llorar y no saber porqué. Fue cuando salí de allí del comercio sexual cuando entendí esos sentimientos".

Me di cuenta de ello al leerlo". Dejó la prostitución a principios de y se mudó a la costa de Queensland, Australia, buscando una nueva dirección para su vida. Valisce empezó a conocer a otras mujeres en internet, a feministas que estaban en contra de la despenalización que se describían a ellas mismas como "abolicionistas". Valisce estableció un grupo llamado Feministas Radicales Australianas y pronto la invitaron a una conferencia organizada en la Universidad de Melbourne el año pasado.

Era el primer evento abolicionista que se celebrara en Australia, donde muchos estados han legalizado el negocio de burdeles. La propia Melbourne ha tenido burdeles legales desde mediados de , y aunque hay mucho apoyo vocal para el sistema, también hay un movimiento creciente en contra de éste. Así describe Valisce la época en la que se convirtió en una feminista que hacía campaña contra el comercio sexual y comenzó a sentirse liberada de su pasado. Me había afectado mucho pero logré cubrir los efectos", señala.

Para Valisce, la mejor terapia es trabajar con mujeres que entienden lo que es trabajar en el comercio sexual, y con aquellas que hacen campaña para exponer los daños que conlleva la prostitución. Derechos de autor de la imagen Sabrinna Valisce Image caption Sabrinna Valisce trabajó como prostituta durante 25 años.

Supongo que me atreví a decir "no". Hasta que un día un prostituidor me dio una terrible paliza. El conserje de un hotel me ayudó, llamó a la policía. Y no se lo va a creer: Porque a quién le importa una puta. Pero las mujeres que ejercen la prostitución necesitan contarse esa mentira. Necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece….

Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas. Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual. Y me di cuenta de que yo no vendía nada, porque nada era mío. Aun después de muerta te siguen explotando. Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo. Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano.

Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda. Los que van de putas son "prostituidores". Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres. Cuando eres puta, tu cuerpo no te pertenece, ni siquiera después de muerta". Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución. Cuando era puta lo que tuve fue cinco abortos.

Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad. Esa rabia hace que yo no sea una mujer conformista. Y por eso lucho con todas mis fuerzas contra esa violencia que es la prostitución. Hay que educar a los niños contra la prostitución en los colegios, en primaria y en secundaria, en las universidades… Sólo así conseguiremos que los niños no se conviertan el día de mañana en prostituidores y que a las niñas no las conviertan en putas.

En primer lugar nuestros gobernantes. Dos años después su madre volvió a casarse y la familia se mudó de Australia a Wellington, la capital de Nueva Zelanda, donde la vida de la adolescente fue lamentable. Ella soñaba con convertirse en una bailarina profesional y comenzó a dar clases de ballet durante la hora del almuerzo en su colegio. Y se hicieron tan populares que un conocido grupo de danza, Limbs, fue a dirigir las lecciones. Así que esperé", dice.

Los oficiales le indicaron que no había nadie usando el teléfono así que no había necesidad de esperar. Y en cuanto me empujaron contra la pared para registrarme y amenazarme, supe que no había ninguna diferencia entre si lo hacía o no ".

Valisce se dirigió a la calle Karangahape y le pidió consejo a una mujer que trabajaba allí como prostituta. Era samoana, demasiado joven para estar trabajando en la calle y estaba claro que ya llevaba allí mucho tiempo". En , después de dos años ofreciendo sus servicios en la calle, Valisce visitó el Colectivo de Prostitutas de Nueva Zelanda NCPZ en Christchurch, una ciudad a kilómetros al sur de la capital, Wellington, en la costa este de la Isla del Sur.

También la invitaron a las reuniones que celebraban cada viernes en la noche, en las que servían vino y queso. Se convirtió en la coordinadora del salón de masajes del colectivo y en una entusiasta simpatizante de su campaña para la despenalización de todos los aspectos del comercio sexual, incluido el de los proxenetas.

Estaba muy emocionada sobre cómo la despenalización podría mejorar las cosas para las mujeres" , afirma. La despenalización llegó en y Valisce asistió a la fiesta de celebración que se realizó en el colectivo. En Reino Unido, el Comité de Asuntos Internos del Parlamento ha estado considerando varios enfoques para el comercio sexual, incluida la total despenalización. Pero Valisce asegura que en Nueva Zelanda la despenalización fue un desastre y que sólo benefició a los proxenetas y los clientes.

Un problema fue que esto permitió a los dueños de los burdeles ofrecer a los clientes transacciones "todo incluido", en las que podían pagar una cantidad acordada para hacer cualquier cosa que deseaban con la mujer. Valisce, de 40 años, fue a solicitar empleo a un burdel en Wellington, y quedó estupefacta con lo que vio. Temblaba, lloraba y era incapaz de hablar". Tomé mis pertenencias y salí de allí", recuerda.

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