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Este, por otra parte, fue en muchos casos considerado un campo de trabajo y no de concentración, lo que, a ojos de muchos, suavizaba lo ocurrido. No se quiso escuchar a las supervivientes y no ayudó que los documentos sobre el juicio de Ravensbrück estuviesen clasificados hasta casi los años ochenta.

Durante décadas, la historia de Ravensbrück se partió en dos. Como explica Helm, en la zona soviética el campo se convirtió en un santuario para las heroínas comunistas caídas, y en Occidente, simplemente, desapareció. No solo por la imposibilidad de acceder al territorio y por la desaparición de todos los documentos, sino porque en muchos casos no se quiso escuchar a las supervivientes.

No ayudó que los archivos sobre el juicio de Ravensbrück estuviesen clasificados hasta casi los años ochenta. Una de las historias rememoradas por Postel-Vinay en su libro resume bien el clima de rechazo que existía hacia aquellas que se atrevían a contar lo ocurrido. Ese fue su principal pecado, no solo durante el auge del nazismo y durante la Guerra, sino también en las décadas que siguieron: En Titania Compañía Editorial, S.

Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Alma, Corazón, Vida Viajes.

El campo de Ravensbrück, en el que murieron entre Barnés Contacta al autor. Tiempo de lectura 8 min. Una de las mujeres esterilizadas en el campo de concentración. Algunas de las supervivientes del campo, con la cruz marcada para señalar que eran prisioneras.

Cruz Roja de Suecia. Una de las víctimas muestra durante el juicio las heridas causadas por los experimentos. El cuartel secreto de los nazis en las islas Canarias De repente aparece un aeródromo de la nada, en una zona donde la soledad y el vacío del tiempo acampan destripando las incógnitas de la naturaleza humana. La secretaria de Goebbels confiesa a sus años: Respondiendo al comentario 1. Recuerda las normas de la comunidad. Por Fecha Mejor Valorados. No admitimos insultos, amenazas, menosprecios ni, en general, comportamientos que tiendan a menoscabar la dignidad de las personas, ya sean otros usuarios, periodistas de los distintos medios y canales de comunicación de la entidad editora o protagonistas de los contenidos.

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Así pues, y al igual que otros tantos, Binz se alistó en el verano de apenas una semana antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial en las SS. No tardó mucho en recibir su primer destino.

El primer campo de concentración que pisó Binz fue el de Ravensbrück, ubicado a menos de kilómetros de Berlín y creado a finales de con el objetivo de albergar a todo aquel que Adolf Hitler considerara indigno y no perteneciente a la raza aria.

Eran personal de las SS, pero no podían formar parte del ejército como tal por la normativa, por ello tenían —entre otras cosas- un uniforme distinto. Junto con la entrada de Binz a Ravensbrück, llegaron también los primeros centenares de prisioneras al lugar.

Durante los años siguientes, Binz cometió todo tipo de tropelías que iban desde abofetear a las prisioneras, hasta asesinarlas a base de golpes. En ese momento, Binz se acercó, la abofeteó y cogió un hacha con la que rajó y descuartizó su cuerpo. Después se levantó y, al darse cuenta de que se había manchado sus botas negras de sangre, cortó un trozo del vestido de la fallecida para limpiarlas.

Entre ellas, sus preferirías eran las bofetadas y las flagelaciones. A su vez, solía entrenar a sus pastores alemanes para que, a una orden suya, se lanzaran sobre los presos y les desgarraran la carne hasta la muerte. Era, en definitiva, una hija predilecta del nazismo y una amante de los actos infames que sus representantes llevaron a cabo en media Europa.

La razón era sencilla: Allí, una especie de granero comido por la humedad, perpetraba flagelaciones de hasta latigazos. Solía someter a estas penas a las prisioneras que no hubiesen hecho lo que debían lo que abarcaba desde comer un mendrugo de pan que se hubiese caído de un camión, hasta no llevar el uniforme bien ataviado.

Siempre tenían la misma norma: Parecía que Binz sólo había sido puesta en el mundo para maltratar a los prisioneros y, curiosamente, para dar cariño a su novio, el miembro de las SS y también destinado en el campo Edmund Bräuning , adjunto del comandante Rudolf Höss.

Con él, para asombro de todos los presos, demostraba una delicadeza que nunca manifestaba con aquellos a los que consideraba inferiores. Sólo hubo una ocasión en la que los prisioneros creyeron ver algo de humanidad en Binz. Cómo había comunistas y católicos se celebraban dos fiestas en el campo de concentración.

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Esta es la definición que, tras un breve vistazo, se podría dar de Dorothea Binz. El vídeo sexual de Max Mosley con disfraces nazis ha conmocionado el mundo de la Fórmula 1. Algunas de las supervivientes del campo, con la cruz marcada para señalar que eran prisioneras. Su solución no fue otra que idear dos tipos de prostíbulos controlados y dependientes del ejército. Posteriormente, desempeñó labores como lavaplatos. Una de las historias rememoradas por Postel-Vinay en su libro resume bien el clima de rechazo que existía hacia aquellas que se atrevían a contar lo ocurrido.

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