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Eran siete amigas trans y sólo quedaron vivas tres. Sin embargo, ellas también estuvieron a punto de ser asesinadas. Todas fueron víctimas de persecución y de violencia por su identidad de género. De las sobrevivientes, Olimpo recibió ocho navajazos y quedó en silla de ruedas.

La atacaron por lanzar un piropo: Otra de ellas fue apuñalada en la calle por un grupo homofóbico. Quedó coja de por vida. A ella los paramilitares la desplazaron: La mayoría de crímenes de odio es decir, por prejuicio a esa comunidad corresponde a las mujeres trans. Entre y fueron 30 en el país. La mayoría de ellas eran prostitutas y ejercían en la capital. Buena parte se concentran en la localidad de Santa Fe , en el centro de la ciudad. A fuerza de estar, las trans se han ganado un espacio y comenzaron a ser reconocidas como mujeres.

La vida de estas mujeres ha transcurrido por años entre las calles 19 y 24, con avenida Caracas y carrera En esa zona, de la localidad de Santa Fe, las trans no son fisgoneadas como caricaturas, pero son perseguidas tanto por la Policía como por grupos de limpieza social.

Llevaban velos y pancartas con mensajes como: En el bus encontraron miradas repulsivas. Llegaron hasta la estación de la calle 85 y caminaron hasta el centro comercial Andino.

No lle vaba mucho tiempo ejerciendo la prostitución cuando sufrió el accidente en motocicleta que la confinó a esta silla de ruedas. A sus clientes les brinda una atención personalizada: Sabe que algunos la buscan para cumplir una fantasía. Como el hospedaje no tiene una rampa para discapacitados, el administrador la subió en brazos a su pieza como a una novia en su noche de bodas. No es tan grande en un mapa: Taxistas y conductores particulares manejan despacio.

No es difícil descubrir la razón del aparente civismo: La oferta es variopinta: Otras exhiben sin pudor un cuerpo adiposo, con el vientre estriado tras varios embarazos. Hay gordas, bajitas, altas, negras, blancas, y un travesti ya mayor. Todas se cruzan y pavonean en esta cuadra —calle 23 con carrera 16—, como si se tratara de un gran sexy-buffet. Paso a la calle 22 y entro a una cafetería estratégicamente ubicada en mitad de la cuadra. Un travesti entra, saluda, pide un caldo para llevar y empieza a contonearse frente a un espejo.

Me mira y me pregunta: Mide 1,70, es moreno y tiene maquillaje en exceso. Llega un joven en bermudas y lo saluda. El travesti le dice: El travesti se sienta a mi mesa y me dice: Se presenta como Gabriela España. Cuando le digo que sólo tengo para pagar lo mío, me mira con decepción, se levanta y me increpa: Trato de explicar que le hablé porque ella me habló primero, pero me frena con su voz impostada: En plena calle, frente a una tienda, un hombre de piel muy blanca y una barba hirsuta rompe con la cabeza un guacal vacío.

Viste un mugriento traje beige , pantalón remangado, medias azul oscuro y chanclas del mismo color. Tiene una corbata hecha jirones y no lleva camisa. Usa una especie de balaca hecha con un trapo. Cuando se levanta, muestra la cara herida por los golpes que se ha dado. No usó las manos, pues no quiso soltar su coctel de alcohol puro diluido en refresco de naranja, ni la maleta ni el palo de escoba roto y puntudo que suele llevar consigo.

Tumbó al otro y lo siguió golpeando hasta que pasó una patrulla y se los llevó a ambos. Le preocupa mi seguridad y me dice que si tengo familia debería estar con ella y evitar estas calles. Días después, veo a Van Damme deambulando por la Lleva una venda en el brazo izquierdo y la mano derecha magullada. Me enseña un hueco de un centímetro que le hicieron en el vientre con un bisturí. Llegó tarde en la noche a golpear donde duerme y no le abrieron.

Se aferró a su botella y se quedó dormido en el portal, hasta que su asesino vino a despertarlo. Busco una habitación para pasar la noche. Empiezo por la 22, en los hoteles baratos. Allí trabajan y viven travestis. Pregunto si necesito hacer una reserva y una señora malgeniada me increpa: Si necesita quedarse, traiga sus chiros y ya. En la puerta hay dos travestis: Les gustan estas piezas —dice el administrador. Las habitaciones internas son sencillas. Agua caliente y televisión por cable.

La ausencia de ventana con vista a la calle no parece conveniente para captar el entorno y busco otro sitio. Seguramente vivió mejores épocas.

Llevaban velos y pancartas con mensajes como: En el bus encontraron miradas repulsivas. Llegaron hasta la estación de la calle 85 y caminaron hasta el centro comercial Andino. Allí se quitaron los velos y alzaron los carteles. Para terminar la visita decidieron comer en un restaurante.

Una vez encontraron mesa, la plaza de comidas se desoló. Por episodios como estos, ellas prefieren la inseguridad de las cuatro cuadras de siempre , que enfrentarse al rechazo que encuentran en el resto de la ciudad. Por eso siguen acorraladas en Santa Fe. Las cifras sobre mujeres trans víctimas del conflicto son escasas.

Colombia Diversa sostiene que, en términos metodológicos y éticos, no es sencilla la tarea. Una parte de ellas prefiere mantener en el anonimato su identidad de género por miedo a retaliaciones personales y para preservar su trabajo. Las que trabajan en la localidad de Santa Fe, como saben que salir de su zona y atravesar la avenida Caracas para ir a alguna oficina distrital es un paseo entre miradas y frases incómodas, prefieren no hacerlo.

Quedar por fuera del RUV implica no recibir apoyo jurídico, ayuda humanitaria y asistencia en salud. En lo que va del año, ocho personas han sido incluidas. Acorraladas A fuerza de estar, las trans se han ganado un espacio y comenzaron a ser reconocidas como mujeres. Sin censo Las cifras sobre mujeres trans víctimas del conflicto son escasas. Localidad de Santa Fe. Ojo con estafadores que le prometen saldar deudas con el Distrito. Mi actitud era sospechosa. Timbré, un hombre de unos 40 años me abrió de inmediato, saludó y me preguntó si venía por el servicio, dije que sí y me hizo seguir.

Adentro la casa cambia totalmente. Me hicieron seguir a una sala como cualquiera, con alfombra, muebles, cuadros y porcelanas, lo que la hacía distinta era que tenía una bola y luces de discoteca.

Me senté y me dijeron que esperara que ya las chicas salían a desfilar. No pasaron cinco minutos y entró la primera, una morena de unos 20 años, delgada y bajita, con un baby doll rojo y unas tangas del mismo color, sin mucho busto ni cola.

Se acercó a mí, me saludó y empezó a ofrecerme sus servicios, dentro de los que estaban sexo oral, besos, caricias y hasta un masaje. Mientras me hacía el ofrecimiento poco a poco fue sacando la anatomía que mi Dios le había dado para ser hombre.

Luego de ella empezaron a desfilar una tras otra. Dentro de ese grupo apareció una venezolana. A decir verdad, es bonita, no parece un transexual, se ve como una mujer. Llevaba unos tacones blancos altos, unas tangas y una malla blanca, se acercó, me dijo su nombre y su mano la puso derechito en mi entrepierna, acercó su cara a la mía y empezó a hablarme.

Cuando terminó de hacerme su ofrecimiento, pasó lo que no pensé: Así como lo leen y se lo imaginan, ella, muy directa, acercó sus labios y me robó un beso.

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